jueves, 16 de marzo de 2017

Crónica de Munich. Vampiro V: Todos los caminos llevan al Mal.

Amanece una noche más en la Munich de los Condenados. Muerto Maximiliam, el grupo se prepara para seguir atando cabos en la ciudad. Ahora sólo son tres, pero se dividirán para intentar actuar con celeridad.


Tras asistir a la reunión de la Camarilla, organizada por Wilhem y en la que se declara una guerra abierta al Sabbat, Rebeca y Viktor se dirigen al Museo Egipcio, en busca de los secretos que allí se esconden. Al llegar se dan cuenta de que el edificio ya ha sido asaltado por miembros del Sabbat y ellos se hacen pasar por aliados, adentrándose en las diferentes estancias en busca de información. Obtienen alguna pista, pero la presencia de los otros vampiros dificulta su tarea y terminan resignándose a irse con las manos vacías.

Es entonces, saliendo del museo, cuando escuchan las explosiones sucederse a lo largo de la ciudad. El plan de Defensa de Dietrich había estallado y con ello, la certeza de que el ataque Sabbat había empezado.

Por su parte, Angelika se dedicó durante horas a buscar a Justin en el Englischer Garden. Se topó con los dos seres que habitaban la Torre China del inmenso parque y más tarde descubrió que estos tenían enterrado al vampiro, para que no “se uniera al Caos que arrasaría la ciudad”. Angelika se vio con las de perder si se enfrentaba a ellos así que, desalentada, abandonó al Gangrel.


Y así llegó la noche clave. Tras una llamada de urgencia, los tres miembros de la coterie se reunieron con Ulrika, quien usó a un Tremere del Sabbat para suministrarles sangre. Ésta les dijo que había puntos que cubrir en la ciudad, pues ciertos planes se habían truncado y su presencia era requerida en otro punto. Así pues, había tres eventos esa noche.

Por un lado la batalla como tal entre Camarilla y Sabbat, a la que luego se unirían los Caitiff de Ulrika y durante la que aprovecharían los Hombres Lobo para vengarse de la trampa del Museo Alemán. Por otro lado, debido al poco éxito cosechado por sus agentes, los tres líderes del Sabbat se dirigirían al museo Egipcio para conseguir el artilugio que necesitaban, cierta máscara capaz de invocar a un Señor de la Muerte. Finalmente, alguien debía proteger al cazador. Y ésto último era sumamente importante.

Rebeca se dirigió hacia Varokis, que quería aprovechar la noche de guerra para cazar. Angelika y Viktor fueron hacia el museo. La Brujah entró en la sala donde habían averiguado que estaba la puerta a las estancias secretas de los Setitas y se enfrentó allí, con gran dificultad, a dos sabbats. Mientras, Viktor esperaba a los líderes. Y ellos llegaron. Los entretuvo todo lo que pudo, pero el poder de estos era demasiado y finalmente lo capturaron y le obligaron a conducirles a la sala.

En otro lugar, Rebeca dio con Varokis y cuando éste se percató de que lo seguían, lo convenció de que estaba allí para ayudarle. Fue en ese preciso instante cuando apareció el vampiro que Rebeca menos esperaba: Nelly. Algo en su presencia allí no le dio buena espina a la Tzimisce, que directamente cogió al cazador del brazo y lo alejó corriendo de allí, perdiéndose en las calles para intentar alejarse lo máximo posible del inquietante Malkavian.


Philip, todavía en la Capilla personal de Sigmund, había encontrado al fin el ritual que había venido a buscar, y tras recoger varios manuscritos del antiguo príncipe, se dispuso a salir de su escondrijo rumbo al refugio.

Cuando Angelika consiguió entrar en la sala oculta, se encontró con un gran templo egipcio bajo el Museo. En su centro, un sarcrófago descansaba una momia que, al entrar la Brujah, se alzó y comenzó a hablarle. Pero al decirle que estaba de parte de Ulrika y que quería evitar que el Sabbat se hiciera con la máscara, consiguió ganarse su colaboración. Hay que reconocer que la actitud de Angelika aportó bastante a este asunto.

Ahora juntos, los dos salieron hacia el pasillo del Museo, para encontrarse con el trío de Sabbat. Cuando Maldon se acercó para coger la máscara, Viktor aprovechó un pequeño despiste y le clavó un cuchillo, momento que Angelika aprovechó para huir. Al siguiente instante, Haze, el LaSombra, le partió el cuello al Setita y Eylem, el Tzimisce, se transformó en una nube para perseguir a la Brujah.

Esta utilizó sus poderes y toda la voluntad que tenía para llegar hasta su coche, pero cuando iba ya a poner la mano en la puerta escuchó la voz de Eylem a su espalda.

- Detente. - Le dijo. - O te mataré.

Convencida de estas palabras, la Brujah obedeció. Pero cuando le dijo que su intención era evitar que la máscara se usara, Eylem se lo hizo prometer y dijo que en esa condición la dejaría libre. Maldon y Haze llegaron a tiempo de ver la traición del Tzimisce, que se enfrentó a ellos para dar tiempo a Angelika de escapar.


Rebeca respiraba aliviada, pues había dado esquinazo a Nelly, por el cual sentía sin saber muy bien por qué un gran temor. En su mente y en la del cazador apareció el rostro del Malkavian y grabó en ellas las siguientes palabras:

- Da igual lo bien que os escondáis, o lo mucho que corráis. Tarde o temprano os encontraré y mi cuerpo estará completo.

Las distintas batallas de la ciudad fueron llegando a su fin a medida que el amanecer se acercaba. El Sabbat y la Camarilla quedaron diezmados, con una nueva, y demasiado joven, primogenitura. Aunque el Elíseo sería ocupado por Ulrika y sus Caitiff.


Al salir el Sol, el cuerpo de Alexander, primogénito de los Ventrue y anterior líder de la Camarilla, ardía crucificado en lo alto del Ayuntamiento.